El virus de la inmunodeficiencia humana, o VIH, ataca el sistema inmunitario del organismo. Al debilitar las defensas contra la enfermedad, el VIH hace que el organismo sea vulnerable a una serie de infecciones y cánceres que, potencialmente, ponen en peligro la vida. El VIH es infeccioso, lo que significa que puede transmitirse de una persona a otra.
El VIH infecta las células que forman parte del sistema inmunitario del organismo. Cuantas más células estén infectadas por el virus, menos capaz será el sistema inmunitario de luchar contra la enfermedad.
El VIH, para lograr infectar una célula, debe introducir su material genético en el interior de la misma. Este proceso empieza con la fijación y entrada del virus, el desprendimiento de la envoltura de la membrana del virus y la integración de los genes del virus en los genes humanos. La célula humana es asaltada para producir múltiples copias de unidades víricas básicas que posteriormente se ensamblan y que con el tiempo acaban saliendo de la célula infectada en busca de otras células para infectar. El virus mata la célula que infecta y también las células vecinas no infectadas. El virus se asegura de que la célula humana sobreviva hasta que su propia multiplicación haya concluido. Y más dañino aún, el VIH establece formas latentes estables que son reservorios de la infección a los que no pueden llegar los fármacos disponibles en la actualidad. Esos reservorios hacen muy difícil la erradicación completa y la cura del SIDA.
Poco después de que tenga lugar la infección, el sistema inmunitario del organismo organiza un ataque contra el virus por medio de células citolíticas especializadas y proteínas solubles llamadas anticuerpos que, por lo general, consiguen reducir provisionalmente la cantidad de virus en sangre. Sin embargo, el VIH sigue activo y, por tanto, continúa infectando y matando células vitales del sistema inmunitario. Con el tiempo, la actividad vírica aumenta significativamente y, a la larga, anula la capacidad del organismo de rechazar la enfermedad.
El VIH, si no se trata, casi siempre acaba agotando el sistema inmunitario. Esto deja al cuerpo vulnerable a una o más enfermedades que ponen en peligro la vida, pero que, por lo general, no afectan a las personas sanas. Esta etapa de la infección por el VIH se llama SIDA, o síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Cuanto mayor sea el daño sufrido por el sistema inmunitario, mayor será el riesgo de fallecimiento por infecciones oportunistas.
Los expertos acordaron el término “SIDA” a principios de los años 1980, antes del descubrimiento del VIH, para describir el por entonces nuevo síndrome de inmunosupresión profunda. Hoy día, el SIDA se considera la última etapa de un proceso continuo de infección por el VIH y enfermedad.
En ausencia de tratamiento, el VIH tarda generalmente de 8 a 10 años en progresar a SIDA. El lapso entre la infección inicial y la aparición de los síntomas, sin embargo, varía y parece ser más corto en las personas infectadas a través de transfusiones sanguíneas y en los pacientes pediátricos. Los factores que alteran la historia natural del VIH se llaman “cofactores” de la progresión de la enfermedad. Se han investigado muchos cofactores potenciales, como los genéticos, de edad, sexo, vía de infección, hábito de fumar, nutrición, y otras enfermedades infecciosas. Hay pruebas contundentes de que la enfermedad avanza más rápido si la infección por el VIH se produce a una edad avanzada.

No se puede saber. En el mundo entero, la mayoría de las personas que viven con el VIH no han desarrollado aún el SIDA. Una fracción de las personas infectadas por el VIH tiene síntomas en las primeras fases del curso de la infección, mientras que otras no presentan síntomas hasta al cabo de 15 años o más de infectarse. Como la mayor parte de las personas que vive con el VIH no parece enferma, es imposible saber si una persona tiene el virus con sólo observarla o hablar con ella. Las personas con el VIH tienen el mismo aspecto y actúan del mismo modo que las que no están infectadas por el VIH.

Por medio de la prueba. Los anticuerpos detectables contra el VIH aparecen unos días o semanas después de la exposición inicial al virus. Pueden detectarse por medio de una sencilla prueba disponible para usted y su familia como empleado/a de las Naciones Unidas. Las pruebas existentes en la actualidad pueden detectar el 99,9% de las infecciones y los anticuerpos al cabo de unas 3-4 semanas de la infección. Este “periodo silente” durante el cual pueden pasarse por alto las infecciones recientes se puede acortar buscando porciones del virus (utilizando la prueba del antígeno) y material genético vírico (métodos de detección de ácido nucleico). Por lo general, las pruebas con resultados positivos se repiten otra vez como mecanismo de protección contra los errores de laboratorio. Como las pruebas del VIH pueden no tener en cuenta las infecciones muy recientes, se recomienda que tras una prueba inicial negativa se efectúe otra prueba de anticuerpos de 3 a 6 meses después, si la posible exposición al virus fuera muy reciente.
Para obtener información detallada sobre el VIH y el SIDA, se recomiendan los siguientes sitios:
- Preguntas Iniciales
Preguntas y respuestas, por VIH/SIDA en Chile
- Qué son el VIH y el SIDA?
Definiciones de VIH y el SIDA, por AIDSmeds.com
- Información general para el consumidor
Información general y completa por AIDSinfo, un servicio del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos
- El Ciclo de Vida del VIH
Una descripción comprensiva del ciclo de vida del VIH, por AIDSmeds.com
- Lo Sabías?
Preguntas y respuestas sobre el VIH y el SIDA, por Tierramerica, medio ambiente y desarollo
- Los Hechos de la Vida: Qué necesitas saber tú y las personas que quieres sobre el VIH/SIDA?
Información y hechos del VIH/SIDA, por amfAR, la Fundación principal de America para la investigación de VIH/SIDA.
- Area informativa sobre VIH/SIDA
Información general sobre el VIH, el SIDA, y preguntas communes, por A.D.U.S., la Asociacion por los Derechos de los Usuarios de Salud